Archivo de la categoría: Cuentos de un apóstata

El Wagul dorado de Balbak

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“EL WAGUL DORADO DE BALBAK”
Texto: Gerónimo Pizzanelli.
Interpretación gráfica: Natalia Núñez.

“El Wagul dorado de Balbak es una criatura extraña de cuerpo sinuoso, zigzagueante, serpenteante. Su cuerpo es de colores cambiantes e inimaginables Recubren este cuerpo unas plumas peludas y olorosas.
El Wagul dorado de Balbak tiene tres bocas en su única cabeza, tres bocas que relucen unos dientes negros y acuosos que se mueven como heisers por los agujeros de las encías.
Su imponente cabeza esta coronada por cristales de diversas formas y tamaños que reflejan la luz en forma especular.
El Wagul dorado de Balbalk, tiene un ojo de fuego en la mitad de su cara que lanza bolas de amor azul y deprimente. A cada costado de su ojo de fuego tiene una membrana de forma circular; a la vista relucen como el mármol pero al tacto se sienten como un colador.
A cada costado de su cabeza tiene un hocico de lobo sin boca, sin pelos, con piel de pollo retorcida.
El Wagul dorado de Balbak tiene un solo miembro, en su espalda, alargado y viscoso, sin ninguna articulación, con una enorme y rugosa ventosa en su punta.
La parte inferior de su cuerpo tiene una especie de poros que largan aire húmedo a grandes presiones, esto hace que su cuerpo quede elevado unos centímetros del piso. A los costados y más cerca de la parte trasera que de la delantera tiene dos enormes púas de marfil rojo que en sus puntas tiene muchas espinas pequeñas.
El final de su cuerpo es truco, abrupto, como si antes hubiera tenido una cola que haya sido cortada, pero lo cierto es que no la tiene y nunca la tubo. En el centro de su parte trasera hay un orificio que se abre y se cierra lanzando fluidos asquerosos; repugnantes; viscosos, gaseosos, fluidos de muerte.
El Wagul dorado de Balbak, nadie sabe porque es dorado, si la criatura en sí, de dorado, no tiene nada. Hay sin embargo una pista clave en su nombre. Ya que ese es el color del que lo ven los hombres. Para un humano esta criatura es más blanda que el hierro, pero más dura que la plastilina de moldear. Es valiosa y brillante y se puede encontrar en su estado puro y natural en los ríos no en el mar. Un valioso mineral, un pedrusco sin igual, mejor dicho un precioso metal. Por el que muchos se mataron y mataran. Algunos para simplificar, oro lo llamaran.”

Hugo Dibarboure Icasuriaga / padre, ejemplo, maestro, hombre y medico rural

 

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Un saludo muy típico de Hugo, luego que se le presentaba alguna persona desconocida por primera vez era, – ¡Mas Doctor será usted!

Lo decía casi gritando: el interlocutor quedaba descolocado. No entendía porque este médico le había contestado de ese modo, cuando en realidad le había tratado con el respeto esperado, llamándole Doctor fulano, de acuerdo a las normas habituales de comportamiento establecidas.

“Habituales y preestablecidas” son atuendos con los que Hugo no se arropaba con frecuencia…

Luego de la observar la cara de desconcierto de la persona en cuestión, pasaba a explicarle que eso de doctores es para que “estos” se den importancia y que el era solo médico y que bueno, que lo tratase con naturalidad. Y si podía y las circunstancias lo permitían, hacía dos o tres cuentos cortos de “dotores” (sin la c), que provocaban hilaridad y empatía inmediatas. Se había roto el hielo.

Me quedó su saludo. Lo uso con frecuencia. Suelo elegir a quien y lo hago con cierta cínica intencionalidad.

Viejo: me pareció una buena forma de recordarte.

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Bitácora de un médico Rural / Acto uno

Bitácora de un médico Rural / Acto uno

Octubre de 2014 / Un lugar en la cuenca lechera

Ya era la segunda oportunidad que Agustina una lactante de cuatro meses era anotada para realizarse la evaluación de salud mensual en mi
consulta de la policlínica rural de Mendoza Grande y su madre no podía llevarla.

Como tenía algunas horas comunitarias disponibles buscamos con la enfermera los datos y mientras terminaba de atender los pacientes que
quedaban ella fue averiguando todo lo necesario para preguntar cómo llegar a la casa de la niña. Los teléfonos no fueron útiles, ya que solo pude dejar mensajes de voz. Me puse en contacto con el equipo de UCC y me dieron indicaciones para llegar, bastante precisas por cierto: mirá cuando llegas a la curva tomas el camino que sale a la izquierda, vas a pasar por varios establecimientos y tambos. Cuando se termina el camino sigue un trillo y tú debes doblar a la izquierda. Se pasa primero por unas casas y mas adelante está la vivienda de la familia.

Pusimos la balanza pediátrica y el tallímetro en mi coche y salí rumbo a la rinconada próxima.

Seguí las indicaciones y cuando el camino y acabó apareció en trillo seguí de largo en lugar de doblar, como se me había indicado, lo que

casi me cuesta quedar empantanado en el barro.  Retomé el camino y paré junto a una casa blanca con techo a dos aguas de tejas francesas, rejas antiguas en las altas ventanas. Varios perros comenzaron a ladrar junto al enorme galpón abrigado por un gigante ombú. Entre este ombú y el galpón parecía seguir el rastro, pero dudé y volví a llamar al número de teléfono que tenía de la madre para confirmar si estaba en el camino correcto. Contestó un hombre. Luego de hablar un rato el padre de la bebe me confirmo que estaba en el camino y me dijo que
la casa de su familia estaba a 200 metros mas adelante por el camino que veía entre el galpón y el ombú.

Seguí el rastro y llegué a otro grupo de construcciones en peor estado de conservación que las primeras; tres enormes galpones y una casa
con techo de chapa junto a otro ombú centenario. Paré junto a uno de los galpones con maquinaria dentro. Me sentí disuadido de seguir hasta la casa por dos motivos. Por un lado el padre de familia me había confirmado que su esposa estaba en casa con los niños, pero no se podía comunicar con ella. Así que para la señora yo era un perfecto extraño que estaba en un auto junto al galpón
golpeando las manos a 40 metros de su puerta. El segundo motivo fue la distancia que me marcaron los perros que no trasponían el límite de un hilo de pastor eléctrico que a la altura del pecho, cerraba el paso entre el galpón y el alambrado de siete hilos mas próximo.

Pensé que habiendo llegado hasta allí debía esperar y cumplir con la misión que me había propuesto, lograr la evaluación de salud de la
pequeña que hacía dos meses no se podía hacer. Luego de un rato escuché el llanto de un niño. Unos minutos después

los perros se acercaron a la puerta del rancho. Un rato después se abrió la puerta y salió una joven a la que reconocí como la madre de Agustina. Ella desde lejos también me reconoció también, sonrió, creo que entonces tranquila de saber quién era el extraño que merodeaba cerca de su casa.

Bajé todos los instrumentos del auto y recorrimos el camino compartiendo la carga. Me enteré en el camino que tenían todos los celulares
descargados, salvo el que había llevado su esposo que podía cargar en el tambo. Esto se debía a que luego del último temporal no habían tenido electricidad en la casa por tres días hasta anoche. Armamos la balanza y un lugar para examinar a la niña. Vi a los dos niños y a la madre: problemas comunes diversos. Conversamos un poco mas en la humilde vivienda.

La madre me confesó que muchas veces la demora en llevar a los niños se debía a que tenía que desplazarse en su moto con los dos en caminos bastante inaceptables. En la última crecida, además habían quedado aislados unos pocos días.  ¿Y cuándo te toque llevarlos a la escuela? La tenemos a 5 kilómetros por el camino por el que llegó hasta acá.

La pequeña quedó en el cochecito en casa, mientras compartimos de nuevo la carga junto con el hermano mayor de Agustina de menos
de dos años. Cuando llegamos al auto y comencé a buscar medicamentos en las valijas, el pequeño gritó ¡Papá! Había reconocido a lo lejos el apenas audible motor de una moto. Llegó el padre, charlamos un poco mas. Antes de irme me comentó la madre que como no se había podido hacer la ecografía de cadera tenía que darle una orden para hacer la radiografía. Trague unos pensamientos cuaternarios y espeté otros. El sistema lo requiere. La bebe no lo necesita y tampoco la familia debería someterse a las molestias que le genera el sistema con este
cribado totalmente improductivo. Así es la medicalización institucional: basada en tecnología, compulsiva y mal informada. Ya que se ha erradicado la ecografia técnica para cribado de la luxación congénita de cadera en casi todo el mundo inteligente ( no confundir inteligente con desarrollado).

Me despedí y me quedé pensando en las políticas públicas y cuán difícil puede ser implementarlas de verdad en el terreno de la vida real, con apagones, dificultades de acceso y medicalización.

Volví afortunada y francamente diferente. Con barro en los zapatos y en las cubiertas, pero con un mezcla de satisfacción y desasosiego. Pudimos llegar, con elementos para cumplir la tarea, pero queda mucho por hacer. No siempre tenemos aporte para el combustible y no está previsto reintegro por gastos del vehículo particular. Esto se da en una zona rural de las mas pobladas del país, en una muy productiva cuenca
lechera, próxima a una capital departamental y próxima a la metrópolis. Recorrí unos 30 km desde Mendoza Grande ida y vuelta. Me acuerdo de mis días en Tacuarembó, en el mundo rural del norte del país con mayores distancias y mayores dificultades de acceso. Pero la tarea
se hace a los ponchazos. Y avanzamos lentamente a la equidad  ¡Hasta que haiga gauchos en el pago!

HmP

Tal vez la nota deba llamarse, Bitácora de un medico rural apostata.

 

J’ai une Terril dans le fond de mon jardin / Un país negro se vuelve verde

Pricipado de Asturias y casa Jamoulle 045

En el fondo de mi jardín asoma un discreto cerrito

¿En el fondo del terreno hay un cerrito?

Cuando subí al altillo vi que al fondo, casi en los límites del terreno había una elevación…

La ciudad de Charleroi esta ubicada en la zona centro sur de Bélgica a unos 50 kilómetros de Bruselas la capital.

Durante la revolución industrial y la instalación en la zona de industrias del vidrio y metalúrgicas y con la creciente necesidad de combustibles, esta región de Europa se convirtió en una de las productoras de carbón mas importantes de occidente.

Desde la cima de un "Terril" vemos el paisaje

Desde la cima de un “Terril” vemos el paisaje

La explotación de este producto provocó grandes transformaciones socio-demográficas, culturales y financieras. Inimaginables modificaciones en el suelo y el paisaje ocurrieron dejando huellas permanentes hasta hoy.

La extracción subterránea en galerías produjo una cantidad enorme de residuos que debían quitarse del medio. El modo de hacerlo que se encontró fue proceder a su acumulación en montículos de enormes dimensiones que pronto dominaron toda la región.

Se les llamó “Terriles” y el aspecto de la zona en ese momento era muy diferente al actual. En el paisaje predominó el color negro llegando a llamarse a esta región el país negro (pays noir) o la tierra negra. Una especie de Mordor de la era industrial. Las viviendas de los obreros y de los industriales crecieron juntas y alrededor de las Iglesias entre los espacios que permitieron los terriles, de tal modo que se les ve por todos lados entre las torres y techos de los barrios.

Con el paso del tiempo, sin embargo los negros Terriles cambiaron de color y destino. Lentamente fueron siendo poblados por bosque nativo que creció sin competencia. El paisaje comenzó a ponerse cada vez mas verde, la naturaleza cobró su revancha. Junto con el bosque volvieron los animales. Hoy en día son verdaderas reservas verdes en el país y la sociedad busca protegerles y darles nuevos usos. Así varios de ellos tienen senderos hasta la cima o en sus laderas hay zonas recreativas.

Algunas compañías mineras han propuesto, dada la voracidad actual por fuentes de energía, hacer una segunda explotación del mineral abandonado en otra época en los terriles, ya que la tecnología actual lo permitiría a costos elevados pero aceptables. Pero los terriles se resisten a caer. En su defensa está los árboles, los zorros y la comunidad que ahora los defiende con nuevos usos compartidos.

Embrujo de mar o historia de ventanas marinas.

Embrujo de Mar

Embrujo de mar o historia de ventanas marinas.

Al cumplir unos 17 o 18 años su padre, el compañero de su madre, lo llevó al borde del mar que bramaba sin parar, en el encrespado y solitario rocal o losada. El viento lo llevaba todo en lo que era uno de los extremos deshabitados del pueblo.
Le dijo: –  Te gusta. Este es un buen lugar para hacerte un rancho.
Así empezó su obra en aquel peñasco. Allí vive aún hoy.
El rancho sufrió múltiples transformaciones en estos veinticinco años. Pero hay algo que ha permanecido a través de las reformas, los temporales y el tiempo: las ventanas.
Las mas codiciadas por las visitas y los dueños de casa, las orientadas al  sur, mas exactamente al sur y sur-este.
Una noche de verano hace muchísimos años atrás compartí el embrujo de mar que mas tarde me explicó Marcelo. Luego de clavar unas tablas en el entrepiso de lo que sería el “piso de arriba” nos acostamos extenuados mirando el mar en el mismo piso superior en el que habíamos compartido el trabajo y la caipiriña.
No tenia mas que techo de quincha piso y paredes laterales. Al frente nosotros cinco teníamos una pared pelada, que nos mostraba un gigantesco escenario de rocas y mar verde esmeralda.
La noche fue serena, inolvidable. Las estrellas y el bramido de “la mar”, como la llaman los pescadores, dominaron mis sueños finalmente y así creo yo, actuó en mi el embrujo.
Marcelo se fue a un largo viaje. Mas de un año. Argentina, Chile.
Al regreso trajo muchas historias que contó con entusiasmo. Pero cuando estuvimos solos en el entrepiso de tablas me contó la mas extraordinaria.
Me dijo: Sabés que en los primeros meses no podía dormir. No podía conciliar el sueño. Pensé que era la ansiedad por la lejanía, la excitación por los proyectos nuevos, los nuevos encuentros, el amor revoltoso.
Estaba seguro que no era solamente eso.
Me faltaba algo que no sabía bien que era.
Finalmente una noche me di cuenta.
Hablaba despacio casi en secreto mirando por su ventana al mar.
Lo que no tenía en las noches durante el largo viaje era este canto del mar. El arrullo de las olas en su ir y venir, el rugido del viento y el mar en mis oídos. El que había escuchado toda mi vida al dormirme como algo permanente, cotidiano, que se hizo parte de mí. Desde antes de los días en que comencé a tener recuerdos, hasta hoy.
A partir de ese momento al acostarme trataba de recordar ese llamado del mar y funcionó; comencé a dormir mejor.
El rancho cambió, su familia se anidó allí y creció. Se llenó de otros sonidos, pero de noche el mar domina con su embrujo que en cierto modo me sedujo también a mi en esa endiablada punta del mar sur.
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Dedicado a mis amigos y a mi amor. Ellos saben quienes son.
Este es uno de los relatos breves, de historias vivas que pienso seguir.
se reproduce con permiso del editor, jaja!