Archivos Mensuales: noviembre 2014

Apóstata célebre / Homenaje a los niños que se salen de la fila / Hoy: Ramón y Cajal

Hasta llegar a recibir altos reconocimientos ocurre muchas veces que se debe pasar por la prueba de recibir nada alentadoras etiquetas desde el sistema. Tal es el caso de muchos niños que se salen de la fila y son considerados casi fracasos para el sistema escolar.

Sin embargo, con el paso del tiempo y superando los estigmas, estas personas llegan a obtener logros insospechados para el sistema educativo. Este tipo de configuración personal desalineada y poco ortodoxa recibe discriminación por parte de pares intolerantes. Esta intolerancia suele ser expresión de la mediocridad que no permite aceptar que otros se destaquen por encima de la chata homogeneidad de la masa.

neuronas de Ramón y CajalTal es el caso de Santiago Ramón y Cajal que todos conocemos por su aporte a la Neurociencia y que alcanzó el galardón del premio Nobel. Pero de pequeño no tuvo pocos problemas en el sistema educativo formal. Su inquietud y curiosidad junto con unos fuertes estímulos de su contexto, le permitieron desarrollar habilidades que luego confluyeron haciendo posible su aporte. Este niño y luego jóven desalineado se interesó por los fenómenos naturales, por el dibujo la fotografía. Estos conocimientos así como las destrezas manuales adquiridas como ayudante de barbero le llevaron hasta donde le conocemos. Pero su vida esta cargada de interesantes relatos como el uso de hipnosis en su esposa para mitigar los dolores de parto.

A 80 años de su muerte se esta realizando una serie de muestras y comunicaciones sobre su obra y vida que transita desde la ciencia pasando por su aporte a la fotografía y hasta sus escritos de divulgación científica.

Cuando hice mi curso de Anatomía leí su librillo “Los tónicos de la voluntad”.

Muy recomendable lectura de esta apóstata.

El o la apostata célebre, es desde hoy es un espacio pseudobiográfico que mostrará ejemplos de desalineadas y desalineados que han contribuido al desarrollo de la humanidad.

HmP

Ver tambien: Instituto Cajal

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Bitácora de un médico Rural / Acto uno

Bitácora de un médico Rural / Acto uno

Octubre de 2014 / Un lugar en la cuenca lechera

Ya era la segunda oportunidad que Agustina una lactante de cuatro meses era anotada para realizarse la evaluación de salud mensual en mi
consulta de la policlínica rural de Mendoza Grande y su madre no podía llevarla.

Como tenía algunas horas comunitarias disponibles buscamos con la enfermera los datos y mientras terminaba de atender los pacientes que
quedaban ella fue averiguando todo lo necesario para preguntar cómo llegar a la casa de la niña. Los teléfonos no fueron útiles, ya que solo pude dejar mensajes de voz. Me puse en contacto con el equipo de UCC y me dieron indicaciones para llegar, bastante precisas por cierto: mirá cuando llegas a la curva tomas el camino que sale a la izquierda, vas a pasar por varios establecimientos y tambos. Cuando se termina el camino sigue un trillo y tú debes doblar a la izquierda. Se pasa primero por unas casas y mas adelante está la vivienda de la familia.

Pusimos la balanza pediátrica y el tallímetro en mi coche y salí rumbo a la rinconada próxima.

Seguí las indicaciones y cuando el camino y acabó apareció en trillo seguí de largo en lugar de doblar, como se me había indicado, lo que

casi me cuesta quedar empantanado en el barro.  Retomé el camino y paré junto a una casa blanca con techo a dos aguas de tejas francesas, rejas antiguas en las altas ventanas. Varios perros comenzaron a ladrar junto al enorme galpón abrigado por un gigante ombú. Entre este ombú y el galpón parecía seguir el rastro, pero dudé y volví a llamar al número de teléfono que tenía de la madre para confirmar si estaba en el camino correcto. Contestó un hombre. Luego de hablar un rato el padre de la bebe me confirmo que estaba en el camino y me dijo que
la casa de su familia estaba a 200 metros mas adelante por el camino que veía entre el galpón y el ombú.

Seguí el rastro y llegué a otro grupo de construcciones en peor estado de conservación que las primeras; tres enormes galpones y una casa
con techo de chapa junto a otro ombú centenario. Paré junto a uno de los galpones con maquinaria dentro. Me sentí disuadido de seguir hasta la casa por dos motivos. Por un lado el padre de familia me había confirmado que su esposa estaba en casa con los niños, pero no se podía comunicar con ella. Así que para la señora yo era un perfecto extraño que estaba en un auto junto al galpón
golpeando las manos a 40 metros de su puerta. El segundo motivo fue la distancia que me marcaron los perros que no trasponían el límite de un hilo de pastor eléctrico que a la altura del pecho, cerraba el paso entre el galpón y el alambrado de siete hilos mas próximo.

Pensé que habiendo llegado hasta allí debía esperar y cumplir con la misión que me había propuesto, lograr la evaluación de salud de la
pequeña que hacía dos meses no se podía hacer. Luego de un rato escuché el llanto de un niño. Unos minutos después

los perros se acercaron a la puerta del rancho. Un rato después se abrió la puerta y salió una joven a la que reconocí como la madre de Agustina. Ella desde lejos también me reconoció también, sonrió, creo que entonces tranquila de saber quién era el extraño que merodeaba cerca de su casa.

Bajé todos los instrumentos del auto y recorrimos el camino compartiendo la carga. Me enteré en el camino que tenían todos los celulares
descargados, salvo el que había llevado su esposo que podía cargar en el tambo. Esto se debía a que luego del último temporal no habían tenido electricidad en la casa por tres días hasta anoche. Armamos la balanza y un lugar para examinar a la niña. Vi a los dos niños y a la madre: problemas comunes diversos. Conversamos un poco mas en la humilde vivienda.

La madre me confesó que muchas veces la demora en llevar a los niños se debía a que tenía que desplazarse en su moto con los dos en caminos bastante inaceptables. En la última crecida, además habían quedado aislados unos pocos días.  ¿Y cuándo te toque llevarlos a la escuela? La tenemos a 5 kilómetros por el camino por el que llegó hasta acá.

La pequeña quedó en el cochecito en casa, mientras compartimos de nuevo la carga junto con el hermano mayor de Agustina de menos
de dos años. Cuando llegamos al auto y comencé a buscar medicamentos en las valijas, el pequeño gritó ¡Papá! Había reconocido a lo lejos el apenas audible motor de una moto. Llegó el padre, charlamos un poco mas. Antes de irme me comentó la madre que como no se había podido hacer la ecografía de cadera tenía que darle una orden para hacer la radiografía. Trague unos pensamientos cuaternarios y espeté otros. El sistema lo requiere. La bebe no lo necesita y tampoco la familia debería someterse a las molestias que le genera el sistema con este
cribado totalmente improductivo. Así es la medicalización institucional: basada en tecnología, compulsiva y mal informada. Ya que se ha erradicado la ecografia técnica para cribado de la luxación congénita de cadera en casi todo el mundo inteligente ( no confundir inteligente con desarrollado).

Me despedí y me quedé pensando en las políticas públicas y cuán difícil puede ser implementarlas de verdad en el terreno de la vida real, con apagones, dificultades de acceso y medicalización.

Volví afortunada y francamente diferente. Con barro en los zapatos y en las cubiertas, pero con un mezcla de satisfacción y desasosiego. Pudimos llegar, con elementos para cumplir la tarea, pero queda mucho por hacer. No siempre tenemos aporte para el combustible y no está previsto reintegro por gastos del vehículo particular. Esto se da en una zona rural de las mas pobladas del país, en una muy productiva cuenca
lechera, próxima a una capital departamental y próxima a la metrópolis. Recorrí unos 30 km desde Mendoza Grande ida y vuelta. Me acuerdo de mis días en Tacuarembó, en el mundo rural del norte del país con mayores distancias y mayores dificultades de acceso. Pero la tarea
se hace a los ponchazos. Y avanzamos lentamente a la equidad  ¡Hasta que haiga gauchos en el pago!

HmP

Tal vez la nota deba llamarse, Bitácora de un medico rural apostata.