Archivos Mensuales: julio 2013

J’ai une Terril dans le fond de mon jardin / Un país negro se vuelve verde

Pricipado de Asturias y casa Jamoulle 045

En el fondo de mi jardín asoma un discreto cerrito

¿En el fondo del terreno hay un cerrito?

Cuando subí al altillo vi que al fondo, casi en los límites del terreno había una elevación…

La ciudad de Charleroi esta ubicada en la zona centro sur de Bélgica a unos 50 kilómetros de Bruselas la capital.

Durante la revolución industrial y la instalación en la zona de industrias del vidrio y metalúrgicas y con la creciente necesidad de combustibles, esta región de Europa se convirtió en una de las productoras de carbón mas importantes de occidente.

Desde la cima de un "Terril" vemos el paisaje

Desde la cima de un “Terril” vemos el paisaje

La explotación de este producto provocó grandes transformaciones socio-demográficas, culturales y financieras. Inimaginables modificaciones en el suelo y el paisaje ocurrieron dejando huellas permanentes hasta hoy.

La extracción subterránea en galerías produjo una cantidad enorme de residuos que debían quitarse del medio. El modo de hacerlo que se encontró fue proceder a su acumulación en montículos de enormes dimensiones que pronto dominaron toda la región.

Se les llamó “Terriles” y el aspecto de la zona en ese momento era muy diferente al actual. En el paisaje predominó el color negro llegando a llamarse a esta región el país negro (pays noir) o la tierra negra. Una especie de Mordor de la era industrial. Las viviendas de los obreros y de los industriales crecieron juntas y alrededor de las Iglesias entre los espacios que permitieron los terriles, de tal modo que se les ve por todos lados entre las torres y techos de los barrios.

Con el paso del tiempo, sin embargo los negros Terriles cambiaron de color y destino. Lentamente fueron siendo poblados por bosque nativo que creció sin competencia. El paisaje comenzó a ponerse cada vez mas verde, la naturaleza cobró su revancha. Junto con el bosque volvieron los animales. Hoy en día son verdaderas reservas verdes en el país y la sociedad busca protegerles y darles nuevos usos. Así varios de ellos tienen senderos hasta la cima o en sus laderas hay zonas recreativas.

Algunas compañías mineras han propuesto, dada la voracidad actual por fuentes de energía, hacer una segunda explotación del mineral abandonado en otra época en los terriles, ya que la tecnología actual lo permitiría a costos elevados pero aceptables. Pero los terriles se resisten a caer. En su defensa está los árboles, los zorros y la comunidad que ahora los defiende con nuevos usos compartidos.